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martes, 3 de junio de 2008

Nueva piel



Rodrigo sacó una bolsa repleta de mariguana, mientras tomábamos de la misma caguama él preparaba los cigarrillos, me preguntó que si me gustaban los Smiths...

-No los he escuchado, ¿que tocan?, pregunté con mucho interés.
-No mames, te los voy a poner! me dijo regalándome una hermosa sonrisa de gusto.

Todo en él era hermoso, siempre le gustó enseñarme cosas nuevas.
De la mesita tomó un CD, sacó el disco y me extendió la caratula
"The Queen Is Dead" by The Smiths
Cemetery Gates comenzó a sonar...

Nos fundimos en un beso.
Sentí su lengua moviéndose lentamente dentro de mi boca y sus manos acaricandome el cabello, él era de las personas que cierran los ojos al besar, yo también pero no pude evitar el deseo de abrir los ojos para ver su rostro cerca de mi.
Cuando más caliente comenzaba a sentirme, me aparto suavemente dejándome un exquisito sabor en los labios, prendió dos cigarros a la vez, me ofrecio uno de ellos y se levantó del sillón.
No pude dejar de ver sus desaliñados jeans, sus pies descalzos y su torso desnudo mientras caminaba, el cabello rubio le caía por la espalda, era un poco más corto que el mío.
Regresó con una maquina para hacer tatuajes en la mano, se hinco en el sillón y sonrió nuevamente.

-Quítate la camisa y voltéate - dijó con una voz tan dulce que ocultaba perfectamente la orden que me daba.

Lo obedecí sin demorarme, con un movimiento me saqué la playera y se la aventé en la cara.
Sabía que reiría, su risa me enloquecía.
Recogió mi cabello con una mano y me besó la nuca, pasó sus manos por encima de mis hombros, en una mano llevaba un par de guantes de látex, sin dejar de abrazarme se los enfundó, acarició mi cara con ambas manos al regresarlas a mi espalda.
El sonido del motor de la máquina inundó la habitación, sentí un fuerte dolor en el la parte superior de la espalda mientras la mano de Rodrigo deslizaba sin titubear las agujas que se hundían en mi carne. Al principio el dolor fue intenso pero gradualmente disminuía, yo lo disfrutaba de igual manera pero más me excitaba que fuera él quien trabajaba en mi espalda.

-Tienes una buena piel para tatuar, casi no te sale sangre, me dijo al oído mientras con un paño húmedo limpiaba el exceso de fluidos y tinta.

Después de quince minutos comencé a sentirme mareado, sentía las gotas de sudor frío escurriendo por mi frente, mi piel se hipersensibilizo y de pronto el dolor me pareció insoportable, la cabeza me comenzaba a dar vueltas y la vista se me oscureció, seguramente era debido a la mezcla repentina de la droga y el alcohol en mi cuerpo aunado a la excitación y el dolor físico.
Él se dio cuenta de mi malestar, apagó la máquina y se levantó de frente a mi.

-Ve al baño a mojarte la cara, no te preocupes, no pasa nada. Me pidió mientras me acariciaba la frente y sonreía.

Le regresé la sonrisa tratando de aparentar un bienestar que estaba lejos de sentir.
Con trabajos llegué al baño, me paré de frente al espejo, miré mi rostro lleno de sudor y abrí la llave del lavamanos.
Junté toda el agua que me fue posible con las manos juntas y la aventé hacia mi cara.
Me desmaye.

Abrí los ojos recostado boca arriba sobre el sofá, noté que mi ropa estaba tirada en el suelo, me encontraba totalmente desnudo. Sentí un alivio al comprobar que el malestar había desaparecido.
Levanté mi torso apoyándome sobre los codos al momento en que Rodrigo regresó a la habitación.

-Te sientes mejor? Preguntó, su rostro reflejaba tranquilidad.
-Sí, gracias. Le respondí con cierta pena.
-No paso nada, te desmayaste en el baño, te traje al sofá, te puse cómodo y te termine el tatuaje, después te dejé descansar. Afirmo con una gran sonrisa en el rostro.
-Me desmaye? Cuanto tiempo estuve inconsciente? Me terminaste ya el tatuaje? Comencé a bombardearlo de preguntas.

Por respuesta se acomodó en el descansa brazos del sofá a la altura de mi cara, aflojó su cinturón, desabotonó su pantalón y bajó lentamente su cierre sin dejar de verme a los ojos.

-Voy a hacer que te sientas mejor, sonrió mientras introducía su verga erecta dentro de mi boca.

domingo, 1 de junio de 2008

Perversión


Ella lo esperaba, habían acordado que hoy sería el turno de él. Poco a poco el papel dominante le era más natural. El no se atrevería a llegar tarde o lo haría a propósito para ser castigado, doler a manos de ella era el placer más grande que había experimentado, nada lo reemplazaba, por más que buscara consuelo no lo hallaría en las drogas, el alcohol, el juego, otras mujeres e inclusive otros hombres. El se sentía complacido de haber encontrado su lugar en el mundo - al lado de ella -.

Ella lo encontró a él de igual forma, cuando sentía que desfayecía de frustación, él vino a llenarle la boca de miel y los ojos de luz. Se veían una vez por semana a la misma hora sin un minuto más sin un minuto menos, alternándose en dos diferentes hoteles, acomodando las necesidades de cada uno. Hoy ella llevaría su maletín con el material para él, cuerdas de distintos materiales, cadenas, mordazas de piel, dildos, látigos entre otras cosas, su vestuario el mismo de siempre. corset negro, liguero, zapatos de plataforma color rojo, antifaz de piel y guantes hasta los codos.

El vendría, llegaría tarde por unos minutos, ella sin abrir la boca lo esperaría sentada con el látigo en la mano, él se desnudaría con la cabeza baja, la sesión transcurriría fluída con la cooperación de él. El cuerpo de ella respondía en pequeñas convulsiones al verle, tan indefenso, tan vulnerable y tan de ella. El era suyo en todos los planos de la existencia, al contrario de lo que muchos pensarían, entre más cerca ella lo sentía un paz la inundaba. Era un sentimiento de pertenencia, de hacer lo correcto y de disfrutar de la vida y del dolor. Ella respiraba profundo y lo mandaba a casa con varios moretes y quemaduras de soga, sin siquiera decirle adiós, sin siquiera mirarle.

El se sentía un hombre afortunado y llevaba sus cicatrices orgulloso en su interior, él las
escondería del ojo de su esposa, evitaría que le viese desnudo por algunos días y harían el amor en la penumbra. El era dos personas en una, no es relevante el saber por que seguía viviendo con ella y por que compartía su cama con ella.

Ella regresaría a casa con la cabeza en otro lado, pensando que la vida cotidiana es un mal sueño del que algún día despertaría...

Mismo día misma hora, ella si llegó temprano temiendo el castigo que él le daría, la última vez que aunque deliciosa, después de ella no había logrado concentrarse en varios días, está vez ella buscó un poco de control. Sin embargo, él ya la esperaba y la castigo como si hubiese llegado tarde, deliciosas oleadas de dolor le recorrían el cuerpo, sus muñecas se sentían estallar al roce de las cuerdas, su boca abierta a lo que daba (gracias al instrumento de ortodoncista), era campo abierto para que él hiciera de ella lo que él quisiera, por su boca pasaron el mango del látigo, varios dildos, su pene, sus dedos y varias cosas más que él fue encontrando en el camino. Ella, desde hace tiempo dejo de contar sus órgasmos, no tenía caso hacerlo, ella misma ya no sabía si eran varios o era un gran orgasmo andante.

Regresaría a casa, vestiría mangas largas y cuellos altos, no se dejaría ver por su marido y sólo pensaría en él. Meses de encuentros, meses de amor y dolor, meses de obsesión compartida.

No había llamadas intermedias, sólo encuentros y aún frente a frente no eran necesarias las palabras, ni siquiera las de seguridad ambos se conocían tan bien que no eran necesarias, ella jamás haría algo que le molestara, él ni siquiera podía pensarlo, compartían códigos, miradas, se hablaban con un lenguaje que ellos conocían.

Sin embargo, un día sin previo aviso él abrió la boca
y dijo:

- Tengo una fantasia que deseo me cumplas

Ella lo miró fijamente a los ojos, tratando de buscar el significado a sus palabras...silencio...ella sólo asintio suavemente con la cabeza

El tomó valor y dijo:

- Quiero hacerte el amor

Sus palabras resonaron en la habitación con la fuerza de una arma de fuego.

- ¿Me entiendes cuando te digo hacerte el amor?

ella todavía confundida le preguntó:

- ¿Cómo?
espero un segundo

- ¡¡¡¿Quieres hacerme el amor de misionero?!!!

Sus ojos se abrieron como platos sin dar crédito a lo que acababa de oír, desconcertada, indignada y casi furiosa... sólo atinó a decir:

- ¡¡¡¡Eres un perverso!!!




Foto: Carlo Poblete

domingo, 27 de abril de 2008

Capítulo 3, Episodio 3. Final


Lo sentía, el fin estaba cerca, la sangre que corría lentamente por mis venas lo presentía, un sentimiento de falso alivio paseaba por mi mente, cuando pensaba en que no tendría que vivir así por siempre, "este penar habría de tener algún desenlace" inocentemente me repetía a mi misma. Vivir sin él era más de lo imagine. ¡Es insoportable!, me consumía su ausencia por dentro, me quemaba como hierro candente, no hay escapatoria, ahora pienso que ni la muerte me podría dar la paz. ¡Estoy condenada¡, penaré por la eternidad.

Olvidaba las cosas con frecuencia, perdí varios contratos de trabajo, pasaba por alto mensajes y recordatorios de mi secretaria. Me iba desvaneciendo poco a poco sin importarme lo que sería de mí, lo único que deseaba era verme en sus brazos por siempre, deseaba volver a nacer y verle a los ojos. Estaba rota y sólo él habría de unirme de nuevo, si ese fuese mi destino.

Nunca tomé el viaje con mi esposo, sin darme cuenta el renunció a mí, con facilidad, si puedo decirlo. No lo culpo soy como una piedra, no tengo alma desde entonces. Cuando Samuel me llamaba mamá lo oía a la distancia sin ser consciente de estar involucrada con el pequeño. Simplemente ellos se fueron, junto con mis amigos y todas las personas con las que alguna vez tuve una relación. ¿Quién soy?, un cuerpo vacío, un cuerpo silencioso, un cuerpo en espera, las tinieblas me devoran.

Desde entonces ya no finjo, ¿para qué? Es más fácil ahora que no pretendo estar donde no lo estoy. Como poco, duermo poco, sólo espero a que él mande por mí, espero el momento de vivir por siempre en su pecho.

Al principio recuerdo, en medio de mi confusión, fue difícil ver alejarse a mi familia, sin embargo, inevitable, ya no era quienes ellos necesitaban, me había convertido en un animal, con el sólo instinto de él, me fui quedando sola, así tenía que ser, no había espacio para negociaciones, no podía darle a los demás lo que me pedían, no puedo darle nada a nadie, no tengo nada, le pertenezco sólo a él, soy por él y para él, nadie existe, nada existe, sólo su deseo.

No es la primera vez que pierdo el sentido del tiempo floto entre la luz y la obscuridad, pasan los días sin que arranque las hojas del calendario... Sin embargo, sé que el fin está cerca. Vivo acurrucada junto al teléfono. He dejado de usar ropa, así es como quiero vivir desde ahora, que nada separe mi piel de su tacto, de su mirada, de su fuete, de sus cuerdas, de su lengua, de sus labios, sus látigos, sus cadenas, de sus ganas, de él, nada entre nosotros.

Lo último que recuerdo es ver mis pies descalzos, mi cuerpo desnudo inusualmente ligero, camino por un sendero sinuoso parecido al de mis pesadillas, sin embargo no tengo miedo, camino sin pudor, él me espera al final del sendero, mis ojos sólo pueden ver sus ojos, parpadeo con temor a perder un instante de su visión, él está ahí, él es para mí, llegó liviana ante su presencia, él me mira sin decir nada caigo a sus pies, exhausta, ¡lo he logrado! ya no despertaré.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Capítulo 3, Episodio 1


Cerré los ojos y me sumí en una negrura tan espesa que me apartó completamente de lo que ocurría a mi alrededor, mi mente ya no estaba ahí, mi cuerpo gradualmente fue apagándose al dolor, hasta que dejé de sentir, de estar, me entregué a un estado de inconsciencia tan profundo que no advertí el momento en que todo ocurrió. Era poco decir que estaba exhausta, mi cuerpo no encontró más energía para seguir y simplemente deje de estar por no sé cuánto tiempo.

Un violento despertar sacudió mi cuerpo desde sus adentros, a través de una ventana abierta de par en par, la luz del sol vulneraba mis ojos ya acostumbrados a las penumbras, mi cuerpo comenzó a temblar de miedo al darme cuenta que me encontraba recostada en la misma habitación de hotel donde todo había comenzado, miré el entorno; más mi mente se resistía a hilar cualquier pensamiento, me había quedado petrificada, en un sobresalto revisé mi cuerpo para confirmar todos mis temores; ya no tenía un collar puesto, ni grilletes en los tobillos, ni ataduras en mis manos... me encontraba libre y sola (no sé cuál de las dos me aterrorizaba más)

El teléfono nunca sonó, no había una nota con mi nombre en el tocador, con amargura comprendí que todo había terminado. El corazón me dio un vuelco y las lágrimas comenzaron a deslizarse por mi cuello, tanta fue mi tristeza que hubiera deseado morir en ese instante. Volver a la realidad sin duda fue el golpe que más dolió.

Mi tristeza conmigo a cuestas deambulaba por las calles grises de la ciudad a un paso lastimoso, sin rumbo fijo, mis pensamientos, todos, se encontraban dispersos en la nada. Mi cuerpo era un fantasma ajeno al ir y venir de las personas, mis ojos, ciegos, se habían negado a abrirse. De pronto, sin saber de que manera había llegado ahí, me encontré parada de frente a la puerta de entrada de mi casa, había perdido el sentido del tiempo, esforzándome un poco me pude dar cuanta que mi esposo y mi hijo estarían aquí en unos días después de sus vacaciones, ellos llegarán a casa, mis heridas físicas habrán desaparecido, entrarán a casa repartiendo besos y cariños.

El estómago se me revolvió y vomité la poca comida que había probado justo sobre el tapete que anunciaba "bienvenido a casa". No me había dado cuenta lo delgada que estaba hasta que pude ver mis pómulos salientes en el reflejo de la ventana. Esto era más de lo que podía resistir, caí de rodillas y clavé mi cabeza entre mis piernas, volví a llorar al darme cuenta que me encontraba aquí a un paso de un destino que no quería cumplir..

domingo, 9 de marzo de 2008

Capítulo 2, Episodio 4


No me atreví a mirarle a los ojos, mi vida sabía ahora había cambiado, aquella que alguna vez me pensé era hoy es una caricatura, una ilusión, yo era lo que él dispusiera de mi cuerpo, de mi alma. Yo renuncié y lo hice con todo el amor (odio).

Me condujo al gran salón, siguiendo con la decoración de la residencia, era exquisito. Esperaban ahí varios hombres desnudos y enmascarados, sabía que ellos eran sirvientes él, mi amo, me dejo en mano de los enmascarados.

Sentí como mi mundo se desmoronaba ante mis ojos, yo solo lo quería a él, solo quería su tacto, a su aliento sobre mi piel, su fuerza en mis músculos, quería renunciar ante él, quiero entretejer mis manos en su cuello.

Los sirvientes me colocan en una plataforma, no sé que será de mi sin él, amargura y soledad lo que sentía, él se volvió y me dio la espalda mientras los sirvientes me despojaban de mis vestiduras. El sonido de una gran cadena que descendía inundó el espacio, cuando pude reaccionar sentía el frío de las cadenas que ataban mi cuerpo a un arnés manos en la espalda, piernas flexionadas y elevadas, parecía una cabeza de ganado, por lo menos a mi me parecía la figura. La cadena se tensó y comenzó a elevarme. Se detuvo cuando estuve en posición horizontal a la altura del pecho de uno de los sirvientes.

No pude gritar, muy a pesar de que no llevaba mordaza, sin embargo me corrió un frío por la espalda, sabiendo que no podía hacer más que relajarme y estar dispuesta a experimentar lo que mi amo quisiera que experimentara (¿Dolor? ¿Placer? ¿Ambos? ¿Nada?¿Vergüenza?)

El dio media vuelta, lentamente y sin dejarme de ver a los ojos subió la plataforma, todo para darme una bofetada y recordarme que yo no podía verle a los ojos, él era tan bello, que mis ojos no podían dejar de verlo, aún sabiendo lo que me tocaría por mi atrevimiento.

Chasqueó los dedos y un sirviente le traería una charola llena de utensilios que me temía serían usados en mí. Se acercó a mi oído y me dijo con su pesado acento: - Te voy a hacer experimentar el placer al límite de tus fuerzas. Eso me lo tendrás que agradecer. Sabes que te amo.

Inmóvil no sólo por mis ataduras, sino por sus palabras, sentí como él deslizó su mano por uno de mis pechos apresando mi pezón entre sus dedos, esto hizo que se me escapara un gemido, mismo que fue callado con dulzura de su parte al acercarme sus labios a mi boca y hacer el sonido de sshhhh sin tocarme. El sirviente le acercó las pinzas para mis pezones, éstas estaban conectadas por una delgada cadena. Me puso una y el dolor me hizo que me zumbaran los oídos, para la segunda ya no podía oír nada. La mordaza me dio un poco de alivio al poder morder algo en reacción.

Cuando estuve preparada, él de nuevo me dio la vuelta y los sirvientes descargaron su furia y frustración en mi cuerpo…

Foto: Ken Marcus (2004)


lunes, 11 de febrero de 2008

Capítulo 2, Episodio 3


Un chasquido de dedos resonó desde la habitación contigua, al momento las esclavas se apresuraron a conducirme ante su presencia. No volvió a escucharse un solo sonido, mas que el eco de nuestros apurados pasos.
Los arcos que adornaban el pasillo escondían tras de sí el umbral a un salón de dimensiones incalculables, pisos de mármol en desniveles saturados de tonalidades blanquecinas y azules, enormes vitrales hacían las veces de paredes, filtraban luces multicolores que dibujaban siluetas ansiosas que recorrían mi vestido a cada paso que daba y al tocarme se iban a ocultar tras las cortinas rojas, los candelabros parecían escurrirse de las cúpulas mientras pasaba bajo de ellos, los pabilos de las veladoras que colgaban de las columnas danzaban acariciados por una fresca corriente con aroma a inciensos, el salón parecía tener vida propia y cambiar a su antojo de tonalidades anaranjadas a rojizas. Al llegar al centro del lugar se me ordenó detenerme, las esclavas que me escoltaban, hicieron una reverencia y se regresaron sobre sus pasos, las puertas se cerraron.

Noté que me encontraba parada sobre un enorme circulo de mármol oscuro el cual tenía argollas empotradas en toda su circunferencia, en lo más alto del techo, sobre mi cabeza, advertí suspendido otro circulo de dimensiones exactas al primero, largas cadenas descendían de esté, inscripciones rojas como las que tatuaban mi piel le adornaban.

En la parte central al fondo del salón, sobre un pedestal, ocupando un enorme trono tachonado en cuero, se encontraba él, sentado detrás de un altar, con la soberbia y majestuosidad que solamente una deidad posee, al verlo ahí, con su mirada penetrándome, inmutable, tuve un orgasmo que me dejó temblando las piernas, No pude sostener la mirada y caí de rodillas. Así lo había idealizado desde un principio y así esperaba encontrarme; en su templo, de rodillas ante su altar, adorándolo fervientemente como a un Dios.

Escuché sus pasos más no me atreví a levantar la vista, sentí su aroma exquisito conforme se acercaba a mi, se detuvo a escasos pasos de mis rodillas, cerré los ojos y permanecí inmóvil a pesar del escalofrío constante que recorría todo mi cuerpo, el mango de su látigo se clavó en mi barbilla y de un movimiento me levantó la cara.

Foto: Kevin H

viernes, 8 de febrero de 2008

Capítulo 2, episodio 2



Contrario a lo que pensé, mi amo, me llevó a otra habitación en la que esperaban dos mujeres semidesnudas, no pude reconocer sus rostros, eran mujeres que nunca había visto, por un momento tuve la esperanza de que una de ellas fuese aquella esclava que me recibió en mi primer día aquí.

La habitación como toda la residencia estaba exquisitamente decorada, una tina romana se ergía en el centro, una de las esclavas se movió a sus órdenes y abrió lentamente las pesadas cortinas. Por primera en días podía ver la luz solar…

La realidad entró por mi pecho como una daga, me ví de repente en México incapaz de saber mi paradero, siendo abusada hasta mi límite. La luz solar trajo a mi pensamientos reales, pensé en mi esposo, pensé en mi hijo, sin ser capaz de responderme a mi misma, cuál era la razón de mi estancia en esta casa. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al pensar en las mentiras que había dicho para tener este espacio, ¿Qué sería de mí si…?

Mi amo tiró de la cadena para ponerme a la disposición de la esclava que vestía de negro

Fui despojada de lo que llevaba puesto, el artefacto que me penetraba fue retirado por la mano de mi amo, no sin antes sentir que desfallecía de dolor, cansancio y miedo.

Heme aquí siendo bañada por dos esclavas, mi amo se retiró, corren sus manos por mi herido cuerpo, es casi un sueño que esto esté pasando, es un sueño que después de todo me excite el ser tocada por ellas. El agua era tibia y me llenaba todos mis rincones, dedos y lenguas me cubrían la piel.

Hacíamos el amor libremente, muy a pesar del collar que todavía llevaba al cuello, entreabría los ojos solo para ver los cuerpos casi perfectos de las mujeres que me llenaban toda, no había control de mi parte sólo un anhelo de dejarme ir.

Fui dirigida fuera del agua, me sentía abrumada de la excitación y el desconcierto, mis pezones fueron pintados de rojo al igual que mi intimidad, mi largo cabello fue recogido hacía atrás y fui vestida regiamente, con un vestido largo de color negro con un profundo escote, zapatillas atadas a los tobillos y mi collar…
No me imaginaba que la segunda oleada de dolor estaba tocando a mi puerta…

foto: Michael Dwen

martes, 22 de enero de 2008

Capítulo 2, episodio 1


Medir el tiempo para mí era algo del pasado, en la habitación no había ventanas, la luz artificial engañaba mi cerebro en mi intento de saber que hora era, había comido y había bebido, me encontraba ebria por el vino que había tomado esto me ayudo para olvidar un poco el dolor de mis heridas.


Encontré confort en la cama después de haber saciado mi hambre y sed, no se oía nada afuera, el silencio se me metía por los huesos, el artefacto insertado en mi interior había encontrado su lugar y ahora se sentía que me pertenecía, mi embriaguez me hacía estar hipersensible al olor al tacto y al fuego que se me salía por las yagas... sólo podía oír el acelerado latido de mi corazón. Sin embargo, necesitaba oír algo que no viniese de mi, necesitaba saber algo. Después de lo que yo pienso fue una hora se apagó la luz, me encontraba completamente a oscuras, sin saber que hora era, sin saber que iba a pasar, desnuda bajo una bata y encadenada a la cama, pero esa no era la única cadena que me aprisionaba.


Sentí miedo de verme en esta situación, sentí miedo de la oscuridad, pero sentí miedo de mi misma al darme cuenta que me excitaba todo esto. Sentí ganas de orinar, un hilo helado bajo por mi espalda, traté de levantarme, tratando de calmar mi respiración, pero la cadena atada a mi cuello era muy corta, con el brazo extendido traté de desatarla, pero era imposible descifrar cómo hacerlo, no sabía a donde me dirigiría en caso de verme libre, apreté las piernas tratando de detener el flujo, respiraba forzándome a hacerlo lentamente, el miedo la oscuridad no me ayudaban lágrimas rodaron por mis mejillas, al pensarme ahí encerrada atada y avergonzada, no sé cuanto tiempo pasó, seguí llorando sin control pensando en que no podría aguantar ni un minuto más…la puerta se abrió de un solo golpe...miedo...era él…la firmeza en sus pasos, estaba por estallar...con voz hueca me dijo: -¡No te atrevas! Involuntariamente me deje ir, no puse resistencia, mi ropa mi cama y yo misma todo inundado. Nunca me hubiera imaginado lo que esto representaría, mi cuerpo ya no me respondía, mi cuerpo lentamente se ofrecía a él.


Su furia se podía respirar, mi cuerpo temblaba del estrés vivido, de miedo y de deseo, me asió por la cadena en un solo movimiento y me dijo al oído…-”te voy a enseñar a obedecerme”.



foto: looknsee photography

martes, 8 de enero de 2008

Capítulo 1, Episodio 4



Sus pasos eran espaciados, haciendo más difícil mi concentración, mi cuerpo clamaba su nombre, lo necesitaba, necesitaba su aliento sobre mi piel , necesitaba mi sangre corriendo por sus manos.

Se detuvo cuando estuvo en mi costado derecho, sentí una ráfaga de aire justo a unos centímetros de mi pecho, las barbas de su látigo olían a él, era insoportable la expectativa y mi cuerpo si querer reaccionaba humedeciendo la espera.

No pronunció palabra, pero nos comunicábamos con telepatía, sentí sus manos sobre las cuerdas que sostenían a mis manos, esto me hizo estremecer, de dos movimientos casi ensayados me puso de pie, yo mordía mi mordaza sin control gritando su nombre desde mis adentros. Sentí mis pies descalzos en el frío piso, como una premonición pude ver las argollas empotradas en la pared, liberó mis pies delicadamente, sus movimientos eran suaves casi amorosos, liberó mis manos, sin embargo me sentía atada todavía.

De espalda a la pared mis brazos ahora pendían de las argollas, extendidos no en su totalidad, mis piernas abiertas haciendo una perfecta cruz, estaba empapada, cansada, hambrienta y con deseos de ser sacrificada hasta que no me quedara fuerza.

-Uno, pronunció en acento extranjero, recibí la ráfaga de dolor en mi pecho derecho.
-Dos, recibí la ráfaga en mi pecho izquierdo

El olor a húmedo colmaba mi olfato, mi vista se nublaba por las lágrimas y mi cerebro estaba en loop repitiendo su nombre.

Contó hasta 18 cuando mi cabeza cayó. Se acercó a mí y me dijo: -¡Bienvenida! El sonido de su látigo fue lo último que escuché.

Cuando desperté me encontraba en una habitación bellísima, decorada con exquisito gusto y detalle, me encontraba desnuda debajo de una túnica de algodón virgen, mi cabello había sido lavado y mis heridas atendidas, desperté con confusión cuando, me temía me hubieran sedado, odiaba la idea de perder un ápice de sensibilidad, me había dispuesto a vivirlo todo en mi consciencia.

Sobre la amplia cama en la que me encontraba habían dejado una charola con comida, frutas secas, poco de pan y una jarra de agua y otra de vino, me incorporé a la velocidad que mis heridas lo permitieron, fue cuando me percaté que tenía un artefacto que me penetraba el ano y un collar al cuello, mi sed era insoportable así que comencé a beber directo del recipiente. Adoraba la idea de tener puesto un collar con una cadena atada al borde de la cama, me hacía sentir amada y necesitada, la cadena no era muy larga así que tuve que moderar mis movimientos para no estrangularme. Comí y bebí, y pensé en lo afortunada que era.

Mi sexo gritaba su nombre, mi sexo se ahogaba por él…

foto: John Chilton

domingo, 9 de diciembre de 2007

Capítulo 1, episodio 1





Tocarte mi sueño de dedos largos y cortos intentos....

Ciudad de México, 1987

Respiré el aire frío de mi ciudad, sentí un alivio indescriptible. Llevaba conmigo lo necesario para el tiempo que habría que pasar, no podía dejar notar el roce de mis medias, me sentía ansiosa y feliz, pronta estaría frente a su presencia.

Sus notas aunque breves, para mi encerraban un sentimiento que iba más allá de los convencionalismos, él era mío y yo le pertenecía, no había más que explicar. El auto se dirigía a mi hotel, ahí esperaría yo instrucciones. El Sol caía en el horizonte, la ciudad palpitaba y yo con ella. Ya estoy aquí. Reconozco sus edificios y avenidas, tímida aprecio su tamaño y poder, deseo que me tome entre sus fauces, deseo tanto a mi ciudad, deseo que me devore viva.

Sigilosa llego a mi habitación, me despojo del abrigo, el teléfono…me veo en el espejo, con una mano sostengo el auricular con la otra me busco el sexo. Sigo las instrucciones que recibo. Echada de espaldas en la cama, desnuda de la cintura hacia abajo, mi sexo mira hacia la ventana, la ciudad está desierta y sus hijos están hambrientos, toco la ternura de mis adentros, oigo su voz y me estremezco. La ventana está abierta, un escalofrío me recorre por la espina, su voz me enloquece. Mis dedos me guían. Hinchada y sedienta me entrego a su voz, imagino sus manos, imagino sus labios, me abro paso entre cavidades, frenesí, mi aroma, firme y elocuente mi tacto, él sin prisa me dirige, me dirige con energía, busco alivio a mi pesar, soy reprimida, no encontraré descanso, ahora lo sé, miedo, mi balsa naufraga lentamente, estoy segura que él me observa, soy suya, estoy en el vilo, la conversación es finalizada no sin antes advertirme del castigo que sufriré si me desbordo…Mis lágrimas corren, me convulso, mi cuerpo fuera de control, ¿lloro acaso de alegría?

Tres golpes pausados y firmes en la puerta de la habitación borran mis lágrimas, sobresaltada apoyo mis manos abiertas sobre las sábanas, persiste mi humedad. De un brinco me levanto de la cama. Mi corazón late acelerado. Sin perder un solo segundo me dirijo a la entrada, en el camino me acomodo las medias. Al pasar frente al espejo volteo y sacudo mi cabello, en mi reflejo alcanzo a ver un hilo transparente que oscila, se resbala de entre mis piernas; aun siguen temblando. Con una mano tomo el picaporte y espió por la mirilla, afuera hay dos hombres que visten trajes oscuros, no puedo verles la cara, les cubre el rostro un antifaz. Instintivamente mi dedo detiene el mecanismo de la chapa a medio accionar.

El teléfono suena nuevamente…

foto: John Chilton